La vida secreta de...Por Talía
Isabel Coixet vuelve a sorprender con La vida secreta de las palabras. Sorprende porque en el cine español parece que las musas tienen demasiadas vacaciones. Sólo hace falta echar un ojo a la cartelera y darse cuenta de que este año Torrente ha salvado de nuevo a nuestro mercado de no dar un resultado ínfimo en número de espectadores. Y mal vamos si es Santiago Segura el que tiene que levantar la taquilla del cine español. Por eso es una casi una salvación ver La vida secreta de la palabras y descubrir que podemos seguir confiando en nuestro cine. Isabel Coixet no ha perdido la capacidad de emocionar ni su sensibilidad privilegiada para acercarnos a personajes solos, muy solos. La película transcurre en una plataforma petrolífera en el mar, en medio de la nada. El espectador puede sentir el frío, oler el óxido de las paredes, notar el cielo plomizo sobre sus hombros, saborear la comida que cada día prepara el cocinero encarnado por Javier Cámara. También siente el dolor que arrastra Sarah Polley y el que pesa sobre un impresionante Tim Robinns. Quizá La vida secreta de las palabras no sea tan redonda como Mi vida sin mí o Cosas que nunca te dije, pero nadie se arrepentirá de ir a verla.

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